1907, en un pequeño pueblecito navarro

Tras sentir un pequeño mareo y caer al suelo estrepitosamente, me desperté delante de una paisana que enseñaba en su mano derecha el tomate más grande que jamás había visto.
Pero lo extraño no era eso. Lo verdaderamente sorprendente era su indumentaria ¡y la de los dos pequeños que había a su lado! Parecían salidos de una escena de principios de siglo.

Me miraban entre sorprendidos y divertidos. ¿Quizá mi ropa era lo que les hacía tanta gracia?
Pues la verdad es que ellos sí que tenían una pinta extraña. Aunque cuando me di la vuelta y empecé a mirar a mi alrededor, enseguida comprendí que el bicho raro en aquel paraje era yo misma.

¿Quizá habría funcionado el teletransportador con pinta de secador de pelo y me encontraba en un pueblecito navarro a principios del S. XX?